martes, 8 de marzo de 2011

Los polacos no pueden tocar candombe

No hay caso, no puedo convencer a mi hija de las innumerables ventajas - sociales pienso para mis adentros - de ser hincha de un cuadro de fútbol y sobretodo del Barça. 

Si lo digo yo, que a duras penas podría ser un catalán de segunda,  un uruguayo desarraigado y que encima no le gusta el fútbol  seguramente pasaría por un aprovechado  que se sube al carro del ganador.  

Ella siendo catalana de nacimiento podría decir con total propiedad y orgullo que es del Barça. 

La ventaja quizás sólo la vea yo , que siempre fui un negado en el deporte rey,  y que además considera que once adultos corriendo detrás de una pelota no es algo divertido. Pero siempre me he dado cuenta de que mi desconocimiento futbolístico ha sido un factor de exclusión;  además es de los pocos temas que puede llegar a cohesionar a un gerente de una multinacional con un mandadero de farmacia.

Pero volviendo al tema,  me preocupa que ella no se interese por “sus raíces”, es decir no es sólo el fútbol sino que le da vergüenza hablar en catalán y se enoja cuando yo chapuceo y le suelto alguna frase.

Es irónico por lo menos, que a mí, que tanto me tocaba las pelotas el asunto de ser embutido en la “identidad catalana” a la fuerza , termine preocupado porque mi  hija no pierda el contacto con “els paisos catalans”.

A lo mejor es como me pasa a mí, que no me siento “uruguayo”, o dicho mejor no me siento “uruguayo” de la manera en que la inmensa mayoría dice que ha de ser un uruguayo, quizás ella será catalana a su manera.  

No seré el único que puede refutar fácilmente que hay cosas más hermosas que la rambla de Montevideo – podría decir el paseo marítimo de San Sebastián,  por nombrar algo que conozco  - , y no puedo negar que respiré con alivio al saber que no sentiría un tamboril o un coro de murga durante un par de años.

Pero es igual, por mucho que no me guste, siempre  hay cosas que se van colando por allí, por el tiempo nomás de estar en un lugar, y me vienen a la mente las interminables tardes escuchando con mi abuelo a Gardel en radio Clarín entre anuncios de garrapaticida y comida para vacas. 

Nunca pensé que llegaría a defender y explicar  las cosas que son la quintaescencia del rioplatense, como es el tango y el candombe, frente  a los foráneos que consumen copias descafeinadas  de éstos géneros  y llegaría a recitar letras de los clásicos o términos en lunfardo para que los que no saben, se dieran cuenta de todo el valor que había allí. 
Así, casi sin querer he podido comprobar que era más rioplatense de lo que pensé.  

Ya me decía Beshad la ironía del asunto de la pertenencia, él que tenía que salir a defender al Islam, cuando lo habían sacado corriendo a tiros de Irán por ser practicante de una religión minoritaria.

Bueno en fin, ya lo comprobamos con Fernando - que con tanta sorna usábamos la frase “eso es muy nuestro”  - como hay cosas que son más naturales para los uruguayos y como a los bateristas polacos es muy difícil enseñarles a tocar candombe.

1 comentarios:

Towie dijo...

A mi me pasa con la "incomparable costa uruguaya", sólo quién no conoce otra cosa que salir con los testículos arrugados por el agua fría puede decir que no hay nada en el mundo que sea mejor que Playa Verde.

Ojalá algún día pueda ir San Sebastián, y ahí podré comparar, pero hasta ahora no he conocido malecón, costanera o avenida marítima que supere los más de 20 km de rambla montevideana.

Saludos
Sergio

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